En el mar de la tranquilidad

Dice el antiguo cantar que todos recorremos nuestro río de la vida hasta llegar al mar de la muerte. En el viaje encontramos tiempos duros y también amables, tiempos de prosperidad y de escasez, de salud y de dolor. Algunos navegan un río corto, otros más largo, incluso algunos terminan cansados de un viaje inacabable.

Recordamos el comienzo oscurecido en la bruma de la memoria, agitado y confuso. Quizás el tiempo siguiente, de la juventud, del fuego del sexo y las pasiones, aparece como un lejano escenario de ocasiones perdidas, de ignorancia culpable y de reivindicaciones tardías, mezclado con algunos momentos de felicidad. Luego, en un largo tramo menos turbulento, las aguas a veces se agitan por la desgracia, el río muestra la belleza tranquila de los hijos, el sufrimiento de su dependencia y la tuya, la resignación ante la huída del tiempo reflejada en ellos.

En el tramo final aparece inevitable el cercano paso de la gran puerta y entre el ruido y la furia de lo vivido se atisba viable, sólo entonces, una paz interior. Ante ti los infinitos viajeros que te han precedido, todos ellos, inevitablemente, la pasaron y el mundo siguió su enloquecido rumbo. Cualquier resistencia o rebelión ante el hecho es simplemente esfuerzo vano. En este final del camino ni la ausencia de otros ni, para ellos, la tuya propia tienen ya importancia. Todos aceptan el destino conocido, quien se va y quienes se quedan, otra cosa es locura. Serás llorado un tiempo, recordado en ocasiones por quienes te amaron. Luego serás olvido.

En zona cercana a la gran puerta existe un amplio remanso de espera en el que los afortunados que viajan sin equipaje deben permanecer hasta que la puerta se abra para ellos. En el camino habrán dejado proyectos y objetivos, amores y recuerdos dolorosos, el mundo habrá perdido su interés para quienes ya no miran hacia atrás. La entrada a ese pequeño mar de tranquilidad es difícil de encontrar y difícil es luego permanecer en él. Tan pronto como una ilusión, un proyecto de vida nuevo o una persona te atraiga hacia la vida volverás a caer en los remolinos de la agitación y del lamento.

En un instante que ignoras llegará el comienzo de la última cuenta atrás y, en el pequeño espacio de la tranquilidad, confiarás en que el tránsito sea breve y poco doloroso. Luego, tras la última puerta te unirás a la multitud del recuerdo, al silencio de lo desconocido.

2 comentarios en “En el mar de la tranquilidad

  1. Cuando alcanzas la edad y las circunstancias en las que resulta viable buscar una ‘tranquilidad’ contemplas la vida de una manera diferente. Si en ella no hay urgencias quizás te puedas permitir el lujo que antes no tenías, esperar sin desesperar, tratar de disfrutar del momento hasta que el último remolino te arrastre. )
    Gracias por comentar
    Salud

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  2. …y entre el nacer y el morir, la vida. El vivir o el malvivir, porque lo que depara ese espacio entre el nacimiento y el final es azaroso y no todos los seres humanos se hallan en circunstancias propicias para disfrutarlo.
    Nacemos para morir, esa es la única certeza.

    Una muy cuidada reflexión la tuya. Me gusta.

    Salud.

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