Irritación

Ira, enojo, enfado, rabia…

Tras décadas de asimilación de una ideología basada en la convivencia pacífica, tras asumir una forzada reconciliación civil, tras más de una década desde que se venció al terrorismo, tras 40 años de convivencia europea llegamos a considerar establecida, casi en permanencia, la idea de que vivir en paz era un bien adquirido, por fin algo claramente postivo que íbamos a poder dejar en herencia a quienes nos siguen, sin una mueca de disimulo. Porque algo de fingimiento hay cuando se presume del nivel de vida actual, que se va destejiendo a golpes de virus, de crisis del clima o de contaminaciones químicas que arrasan la vida de múltiples especies.

Tengan o no hijos, a muchas personas les importan las generaciones que les siguen. Quizás nuestros hijos aceptarían, en una Europa que ha sido siempre el hogar en el que se iniciaron todos los infiernos que han asolado el mundo, quizás admitirían, sí, que nuestra mejor herencia ha sido la paz.

Pero ha llegado un miserable dictador ruso y se ha inventado una guerra a su medida, nada nuevo cuando casi todas las que nos cuenta la Historia han sido inventadas. No le gusta el resultado acordado para su país tras la última matanza de millones de personas hace 80 años y ha decidido invadir a su vecino para recomponer las fronteras a su gusto.

En eso estamos. El ha cerrado ojos y oídos en su país para maniobrar según su voluntad, ha amenazado a cuantos se oponen a su locura y nos ha llenado las noticias de sangre, destrucción, llantos y desgracias. De todo ésto nunca nos ha faltado, al fin y al cabo es parte de la condición humana, es el alimento de la mayoría de los medios de comunicación. Pero tener la guerra a las puertas de Europa tiñe de una luz siniestra nuestra herencia para quienes nos sustituirán.

La codicia occidental compró la codicia oriental a base de una transfusión masiva de negocios y fábricas a oriente hasta quedar en una ridícula dependencia estratégica, visible ya al primer relámpago de la pandemia que anunciaba una tormenta económica y el pequeño dictador ruso se ha encargado de alimentarla en su desvarío.

Europa, España, debe recomponer tantas cosas que lo único que podemos asegurar es que el mundo de mañana cada vez se parecerá menos al de ayer. Vuelven las grandes turbulencias y si bien nadie conoce el futuro algunos de sus rasgos se pueden adivinar sin gran riesgo a equivocarse.

El desánimo no es solución.

Conviene volver al verso del poeta Claudio Rodríguez :

«Y ahora, que estamos en derrota.
Nunca en doma».

Imagen destacada : 
Tormenta Jason Weingart_4200

8 comentarios en “Irritación

    1. El problema de los precios y sus derivadas en transporte, en empresas y en las familias acaba de empezar y nadie conoce lo que está por venir porque entre la locura rusa, el cambio climático y la transición energética tenemos problemas para rato. Hay que mentalizarse y adaptarse. Gracias por escribir.
      Un abrazo.

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  1. Tantos tratados, organismos y asociaciones internacionales para nada. El horror televisado sigue su curso. Los desastres lejanos que tantas veces hemos contemplado, compungidos, se ha materializado en las cercanías cuando no dándonos en el centro de la conciencia colectiva, a un tris de dinamitar la moral europea porque ese mundo tan aparentemente organizado al que te refieres. por el que muchas personas transitábamos en este Viejo Continente ha dado un giro que la ciudadanía de a pie era incapaz de imaginar.

    Hemos crecido en un mundo de gobiernos matones; algunos pudieron ser descabezados y de otros solo se acuerdan quienes los padecen. Teníamos hasta nuestro propio maton, el gobierno USA, que ponía y quitaba dictadores, originaba conflictos interminables bien lejos de sus fronteras y utilizaba a Europa para limpiarse los detritus; pero Europa, la Vieja Madrastra, callaba confiando en que, en última instancia, los matones Usa tenian detrás un Congreso que recogía y soltaba cuerda y, en determinado momento, podía zancadillear al matón jefe cerrándole el grifo de los dispendios guerreros… Pero ahora el maton, el nuevo matón ruso de viejas matonadas soviéticas, no tiene quien le tosa; no hay un Congreso que lo controle ni una oposición en su territorio que le corte las alas. Por no haber no hay ningún organismo internacional, ningún país que se atreva a escupirle en los morros.

    Y, aquí estamos, esperando el siguiente movimiento, poniéndonos en lo peor o esperando un imposible milagro.

    Pobre pueblo de Ucrania. Pobre pueblo ruso. Pobre Europa. Y, casi, pobre planeta.

    Salud y ojalá, en algún momento, impere la sensatez que es, a fin de cuentas, un rasgo netamente humano; aunque no lo parezca.

    (Y perdón por la extensión, Veset).

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    1. No tienes que excusarte por escribir aquí más de lo habitual. Mientras no agotes mi espacio en WP no hay problema 😉 Y al leerte veo que no he mencionado todas esas instituciones que supuestamente nos evitan la guerra y que justificadamente te decepcionan. Quizás lo hacen en otras ocasiones, contra alguien como Putin no parece fácil de todos modos.

      Esperemos que se conforme con una partición del país y con un compromiso internacional de que no entrará en la OTAN. Sólo el dictador sabe si eso le calmará. Tampoco conocemos el daño económico y de imagen que está sufriendo y si ésto le creará problemas. Rusia es un país paria, Qué vergüenza y sobre todo cuanto daño causado por alguien cegado por ambiciones y fantasías. Nada nuevo finalmente. Nos toca esperar y ojalá los ataques cesen ya.

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      1. Pues fíjate que leyendo las propuestas que ha llevado el representante ruso a las negociaciones me parece que solo les ha faltado añadir que los propios ucranianos cuelguen a Zelenski de una farola en el centro de Kiev.
        Ojalá se alcance un acuerdo pero, incluso con la deseada paz, me temo que alguna putinada más nos va a tocar ver en las zonas limítrofes con los feudos del dictatorzuelo.

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  2. Un escrito de gran sentimiento, pesar y, finalmente, esperanza. Como tú, estoy apesadumbrada, pero me alivia ver la generosidad de la gente: los que abren sus hogares a refugiados, los que conducen un camión con provisiones a las zonas de guerra, los médicos voluntarios, los periodistas que arriesgan la vida para narrarnos la verdad, los rusos que protestan, etc. La maldad coexiste con la bondad y es un balance muy frágil. Lo único que nos queda para los que creen en la bondad es seguir trabajando en ello.

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    1. Hay que seguir, por supuesto que sí. De todos modos los políticos extraerán consecuencias aunque probablemente no serán del todo consecuentes. Si China llegara a invadir Taiwan ¿los EEUU y la UE van a promover el bloqueo económico de la ‘fábrica del mundo’ que es China ? Si con seguridad podemos decir que nunca ha existido un mundo organizado lógicamente ahora llegamos a niveles de complicación y absurdo nunca alcanzados. Y los millonarios organizan sus juegos para marcharse de vacaciones al espacio o a Marte en vez de gastar tanto dinero como les ‘sobra’ en ayudar a reorganizar este caos al que ellos han contribuído no poco.

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